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miércoles, 28 de marzo de 2012

A Venezuela


Cuando uno piensa en Venezuela lo primero que le viene a la cabeza es Chávez, el petroleo, Isla Margarita, los culebrones, la cirugía estética, las miss mundo, Ivonne Reyes, las arepas, el ron Cacique y  lo peligrosísima que es su capital, Caracas.

Caracas


La primera vez que los españoles pisaron el continente americano lo hicieron en Venezuela. En los viajes anteriores habían llegado a las islas de Santo Domingo y Puerto Rico pero no fue hasta su tercer viaje cuando Cristóbal Colón llegó a lo que hoy es Sudamérica.  Salieron de Sanlúcar de Barrameda el 30 de mayo y tras hacer escala en Madeira y Canarias, llegaban a la desembocadura del Orinoco el día 2 de agosto de 1498.

Palafitos o casas sobre el agua en la selva venezolana

“Pequeña Venecia” o Venezuela. Ese fue el nombre que los españoles le dieron a esas tierras al ver las casas de los indios construidas con estacas sobre el agua, que aun pueden encontrarse en el lago de Maracaibo.
Desde entonces la historia de este gran país caribeño ha estado ligada a la nuestra y hoy viven allí más de 150.000 españoles.

Hace tres años que llegamos a Bissau. Hemos tardado casi dos en instalarnos pero dentro de cuatro meses montaremos de nuevo nuestros enseres en un barco y volaremos a Caracas para quedarnos cuatro años.

BMB

domingo, 19 de junio de 2011

AGROGEBA

SIEMPRE he admirado a las personas emprendedoras. Será porque yo no lo soy. Un emprendedor no es mas que alguien con muchas ideas y un par de bemoles. Hay que ser muy "echao pa lante" para venirse a Bissau, comprar una bolanha y hacerse agricultor. Ayer visitamos en Bafatá una fábrica de arroz de unos españoles emprendedores. Agrogeba lleva funcionando en Bissau más de un año y tras no pocos problemas, sus socios, ya recogen sus primeras cosechas. Que producir arroz es negocio en un país plagado de ríos donde la población se alimenta básicamente de este cereal  parece estar fuera de duda. Lo que no está tan claro es poder sacar adelante una fábrica abandonada, en el quinto pino, trayendo toda la maquinaria de España en barco, al puerto más corrupto y caro del mundo. Y luego,  encontrar aquí trabajadores cualificados y de fiar.

Bolanha preparada para la siembra
Cuando Jaume y sus socios metieron la enorme cosechadora en la bolanha, los guineanos, acostumbrados a cortar el arroz a mano, no daban crédito... Desde allí, por pistas de tierra hechas a machetazos, en lo que antes era mato, en grandes camiones, se lleva el arroz a una máquina que es como una caldera gigante, para secarlo y así poderlo descascar. 

Antigua fábrica de arroz, ahora propiedad de Agrogeba.

Arroz listo para descascar

Máquina de descasque

Tras el "descascalho", se ensaca el arroz y listo. Detrás de este proceso, aparentemente tan simple, está el trabajo duro de mucha gente. Jaume nos cuenta como, además de las máquinas, se traen todo de España:  los neumáticos, el aceite, las piezas, los sacos...y hasta al mecánico.


De vuelta, con varios sacos de arroz en el maletero, parada para almorzar en el Tritón, único hotel de Bafatá. Los ruidosos ventiladores y el hule sobre la mesa, lleno de moscas, no presagian nada bueno...nos sorprenden con unas Crystal frías y unas más que aceptables febrinhas de porco con patatas fritas y, por supuesto, arroz de Agrogeba.

BMB




jueves, 19 de mayo de 2011

Floresta de Cantanhez

Salimos de Bissau el sábado muy temprano. Tenemos por delante cinco largas horas de viaje. Tomamos la carretera de Bafatá y nos desviamos a la derecha en Banbadinga. Continuamos en dirección a Quebo hasta el cruce de Mampatá  donde tomamos a la izquierda la pista de tierra. El recorrido hasta la entrada del parque natural de Cantanhez es espectacular. Las pistas de tierra roja discurren al lado de varias tabankas tradicionales.  Sus amables pobladores nos saludan al pasar. Los niños corren tras los coches gritando ¡branco! ¡branco!.

En Guiledje, a 35 km del desvío, hacemos la primera parada  para visitar el Museo Histórico que fuera en su día base militar de los portugueses. Viejas armas, fotos descoloridas, desgastados uniformes y hasta el gorro de Amílcar Cabral conforman la colección de este pequeño museo.  La región fue escenario de importantes batallas en la guerra de la independencia y todavía pueden verse algunos vestigios de aquella lucha.

Restos de minas en Guiledje
Desde allí tomamos rumbo a Faro Sadjuma, un pequeño complejo turístico con tres cabañas, donde se imparten cursos de formación a jóvenes guineanos que serán en el  futuro guías ecoturísticos del parque. Las mujeres de la tabanka nos ofrecen un frugal refrigerio a base de fruta fresca, mancara y zumos naturales de cabacera, foroba, cajú y ondjo. En el siguiente tramo la pista se estrecha mucho. A cada paso se torna  más difícil  y espectacular. Imposible pasar de veinte por hora. Cuesta abrirse paso con el coche entre la vegetación. El paisaje es exuberante, salvaje. Las lianas golpean el capó. Tardamos casi tres horas en recorrer 80 kilómetros. 

Llegamos a Jemberem, la sede del parque,  cansados de tanto traqueteo y hambrientos pero contentos. Tras instalarnos en las cabañas, nos sirven el almuerzo: galinha da terra y calderada de cabrito con arroz y cuscus que nosotros, que venimos preparados, completamos con cerveza Mahou, chorizo, queso manchego y aceitunas. Por la tarde el guía nos lleva a ver los macacos. Nos cuenta que con un poco de suerte se pueden contemplar hasta seis especies diferentes. Sobre nuestras cabezas, saltan de una rama a otra sin perder el equilibrio gracias a su enorme cola. Hay vermelhos y pretos de cola blanca. Sentados en las ramas comen hojas y nos observan divertidos mientras tratamos de fotografiarlos.

Macaco vermelho
Por la tarde, visitamos la tabanka de Jemberem. Las calles están muy animadas. Mientras los hombres descansan y hablan de política en las puertas de sus casas, las mujeres trabajan. Algunas descascan las semillas de palma con el "valé". Lo intentamos pero no es nada fácil...




Visitamos las instalaciones de TV Massar, la televisión local de la tabanka.  También nos enseñan la emisora de radio, donde al momento nos hacen una entrevista que se emite en directo.

Sede de TV Massar
Emisora de radio local
Los niños de la tabanka corretean a nuestro alrededor. Les encanta verse en la pequeña pantalla de la camara. Se empujan unos a otros muertos de risa, para salir en la foto.


El domingo a las cinco de la mañana estamos en pie y preparados para ver los chimpazés. Recogemos al guía y dejamos los coches en el camino para adentrarnos en el mato, aun de noche. Vamos todos en silencio, en fila de uno. Saído, el guía, nos pide que nos quedemos muy quietos y guardemos silencio. En la oscuridad, rodeados de árboles, el sonido de las aves y los chimpanzés nos traslada a aquellas maravillosas películas de Tarzán... De repente, allí están, despertando al amanecer sobre las ramas de los árboles. Lentamente, nos acercamos un poco más. Escuchamos sus gritos muy muy cerca...

Desde allí salimos en dirección a la Mata de Canamina. Saído nos guía por un sendero para mostrarnos árboles centenarios. Algunos de ellos como el "Pau de Ferro", únicos en el país. Hay termiteros enormes por todas partes. Saído nos explica como saber si dentro está la hormiga reina o como gracias a las hormigas obreras el bosque se mantiene limpio.

Saído nos muestra un termitero
De vuelta a Bissau, paramos en una tabanka para comprar cestos de mimbre. Las mujeres extraen aceite de palma con una prensa artesanal. Orgullosas, nos explican todo el proceso mientras posan presumidas para la foto.

Mujeres fabricando aceite de palma
Seguidor del Barcelona
Hacemos una última parada para comprar cajú y tomamos el camino de vuelta a Bissau.

Un precioso viaje que no hay que perderse pero que dudo que repitamos...cinco horas en coche por pistas llenas de buracos nos dejan destrozados...

BMB

jueves, 5 de mayo de 2011

Escapada a Senegal

Una magnífica opción para salir el fin de semana de Bissau son las playas del sur de Senegal en la región de la Casamance. Antaño una de las zonas más prósperas del país y destino turístico por excelencia de los franceses aventureros, desde hace más de 25 años la zona sufre un  conflicto largo y de difícil solución que enfrenta a las fuerzas leales al gobierno senegalés con un grupo independentista.


Playa de Cap Skirring
Antigua colonia portuguesa, Senegal fue cedida a Francia en 1908 en el marco de los acuerdos de Berlín. Obtuvo su independencia en abril de 1960. El legado de los franceses era positivo: Senegal tenía una administración pública bien estructurada, fuertes instituciones y   la democracia mejor consolidada y gestionada de todo el continente africano. Es precisamente en este marco cuando surge el conflicto en 1982. En 1998 la cosa se va complicando con la guerra de Guinea Bissau. Durante los once meses que dura la guerra civil, los rebeldes senegaleses dan soporte al golpista guineano y el ejército apoya al gobierno legítimo.

A pesar de que se han firmado varios acuerdos de paz, en 2006 el ejercito lanzó una nueva ofensiva contra los rebeldes y así continúan en esta situación indefinida de calma tensa hasta hoy, lo que ha hecho que el turismo de europeos en la zona esté un poco de capa caída.


Llegar desde Bissau es fácil y rápido. No llega a tres horas de viaje. En el camino, el paisaje es interesante. Cruzamos varios puentes sobre ríos inmensos plagados de peces donde las mujeres pescan desnudas sujetando enormes redes circulares, con sus bebés a la espalda. Los niños juegan en la orilla y nos saludan al pasar.   Una vez pasado Sao Domingos  hay que parar en el puesto fronterizo de Senegal. Cruzar una frontera en África no es ninguna tontería. Estas a merced de un militar  con un arma, que posiblemente lleva meses sin cobrar y que no tiene nada que perder... Aunque en general se suele cruzar sin problemas,  hay que tener paciencia, ser prudente, llevar todos los documentos en regla y por experiencia, no intentar hacer fotos....


Pasado el control, lo primero que nos encontramos es Ziguinchor,  una ciudad típicamente fronteriza, animada y  bulliciosa.  Desde allí a Cap Skirring hay unos 50 kilómetros. El pueblo no tiene nada de especial. Algunos restaurantes nada del otro mundo, tiendas de artesanía donde  se venden máscaras y cestos de paja y muchos senegaleses en busca de algún turista despistado dispuesto a gastar su dinero. 
La oferta de hoteles es amplia.  Todos a pie de playa y con precios para todos los bolsillos. Desde el modesto Maya hasta el estupendo Les Alizés.

Tuareg comerciante de joyas en la playa de Cap Skirring


Vacas bañándose en la playa de Cap Skirring
Vendedora de fruta



La playa está muy animada: vacas tomado el sol, vendedoras de fruta, masajistas, "galerías de arte", pescadores, niños senegaleses jugando al fútbol, familias de franceses o belgas de piel blanquísima y alguna que otra pareja de madurita europea con senegalés de cuerpo escultural. Ellas, buscan cariño y palabras dulces. Ellos esperan dinero, regalos o el ansiado pasaporte a Europa y viven a cuerpo de rey lo que duran las vacaciones.






La vendedora de mangos se toma un respiro.
Puesta de sol en Cap skirring

Playas de arena fina, cocoteros y un clima estupendo hacen de la zona el destino perfecto para una escapada de tres días desde Bissau. Lo peor, las comidas en los hoteles (cocina francesa africanizada) y la imposibilidad de tomarse un buen gin tonic (los franceses nunca han sabido beber combinados). Lo mejor, la puesta de sol sobre el atlántico.

BMB

miércoles, 20 de abril de 2011

Bolama

Desde el barco se divisan ya los restos de la que fuera en otro tiempo la primera capital de Guinea Bissau. En el muelle nos esperan curiosos y divertidos. Nuestra llegada es posiblemente el acontecimiento del mes. Un grupo de jóvenes nos recibe con danzas tradicionales y tras los saludos y agradecimientos comenzamos la visita. Andrés nos explica su trabajo allí: una pequeña escuela de pesca en el antiguo edificio de aduanas donde se aprende a pescar pero también a reparar un bote, a fabricar un remo o a cortar y conservar el pescado.


Recorremos las calles desiertas, otrora grandes y animadas avenidas abiertas al mar.   El paseo nos evoca el esplendor  de la época colonial. Palmeras, farolas, bancos, parques, aceras.... forman ahora parte de un decorado inútil.


El primer hotel de Guinea Bissau, la asamblea nacional, el palacio del gobernador, el mercado, el cine o la piscina municipal, ya no son más que ruinas. Últimos vestigios del esplendor de entonces. Desde la independencia en 1974 el deterioro ha sido lento, progresivo, ineroxable e irreversible. Los guineanos no han sabido, no han podido o no han querido conservarlo.




Entre las ruinas y el abandono encontramos gente pacífica y amable. Las mujeres nos piden una foto. Antes, coquetas, se arreglan un poco sus vestidos.


En el centro del pueblo, un enorme campo de fútbol. Cerca, algunas jóvenes lavan y tienden al sol las  equipaciones para el partido del domingo. 




En Bolama, como en el resto de África, el fútbol levanta pasiones. Nos cuentan que cada domingo toda la isla se da cita en el campo para animar con fervor a su equipo.

A la sombra nos esperan con bebidas heladas y papaya fresca. Nos despedimos y volvemos al  muelle exhaustos,  muertos de calor. En el barco, todos callados. Adormecidos con el run run de los motores. En nuestras mentes flota la misma pregunta de siempre: ¿hay solución para África?




BMB







domingo, 19 de diciembre de 2010

Orango

Salimos por la mañana en barco desde Rubane, donde estábamos alojados, y llegamos a Orango al mediodía. Desde el barco, la isla parece desierta, sólo palmeras y una inmensa playa virgen. 
Al llegar recogimos a Carlos, un guineano que trabaja en el hotel y que hizo de guía en nuestra pequeña aventura por la selva. Desde la playa fuimos en barco hacía la laguna, contentos y algo excitados ante la perspectiva de ver los hipopótamos en directo. Por el camino, ya avistamos flamencos y garzas gigantes. La cosa prometía.



A medida que íbamos avanzando el paisaje se tornaba espectacular y misterioso: estábamos dentro de un manglar rodeados de lianas al más puro estilo de La Reina de África. Íbamos despacio para no encallar en el fango y podíamos oír muy cerca los sonidos inquietantes de la selva.



Frente a nosotros vi meterse en el agua un cocodrilo y justo entonces Carlos dijo: aquí nos bajamos. No dábamos crédito. Teníamos que seguir a pie por aquel lodazal hasta llegar a la laguna de los hipopótamos. Los primeros metros fueron terribles, nos hundíamos en el barro hasta los tobillos.



Aun no sabíamos lo que nos esperaba. Casi tres horas de caminata. Tan pronto atravesábamos tramos de selva frondosa como extensiones sin árboles con una vegetación muy alta que teníamos que ir apartando con las manos para no arañarnos la cara. Con Carlos a la cabeza, íbamos en fila de uno sin decir ni mu.



Hicimos un alto en el camino para saludar a los habitantes de una tabanka. Los hombres colaban aceite de palma, las mujeres preparaban la comida y un montón de niños jugaban con palos, ruedas, botellas vacías o lo que encontraban por ahí.




Luego, seguimos hasta que por fin llegamos a una especie de zona pantanosa donde tendrían que estar los hipopótamos. Carlos empezó a dar palmadas y a imitar el sonido de los animales para que salieran del agua pero nada, ni rastro. Entonces, nos dijo que quizás estarían en la laguna grande, a unos tres kilómetros de allí. La vegetación se hacía más espesa a cada paso. Como nadie nos había contado de que iba el asunto, no íbamos preparados: algunos en chanclas, todos en pantalón corto y casi todos  sin sombrero. Carlos seguía avanzando deprisa y nosotros detrás, exhaustos pero animados por los excrementos de hipopótamo que nos iba mostrando aquí y allá.



Ya en el pantano, tuvimos que cruzar un charco fangoso donde el agua nos llegaba por la rodilla, de esos  que suelen estar llenos de sanguijuelas y cocodrilos... Decidí no pensar y cruzar a toda prisa. Todo sea por ver los hipopótamos. Carlos, empezó otra vez con su ritual de palmas y sonidos raros pero allí no había ni un hipopótamo. Con la moral por los suelos emprendimos el camino de regreso hacia  donde nos recogería el barco. El baño en aquella playa espectacular y desierta nos levantó un poco el ánimo. Eran casi las cuatro de la tarde cuando llegamos al hotel exhaustos, sedientos, hambrientos y magullados. Nos tenían preparadas cuatro cervezas heladas y una deliciosa comida que compensó un poco la decepción de los hipopótamos.

Me gustó mucho el hotel. Orango Parque Hotel pertenece a una fundación española que ha puesto en marcha un proyecto de ecoturismo en las islas Bijagós. Tiene siete cabañas y un edificio central donde está el restaurante,  con un gran porche muy agradable (se nota la mano de los españoles, siempre buscando la sombra...)




El viaje de vuelta a Rubane en barco fue delicioso. Anochecía y el mar estaba como un plato. Íbamos todos callados pensando lo increíble que habría sido la excursión si hubiéramos visto hipopótamos. Sin duda volveremos a intentarlo.



BMB

martes, 9 de noviembre de 2010

Muerte en Venecia

Mi Mac ha muerto en Venecia. Estoy hundida. Un mazazo. Yo, que siempre despotricaba de las ratas de ordenador y resulta que...estoy enganchada a internet. Escribo este post desde un ordenador prestado (maravillas de la informática) ya que acabo de dejar el mío en el servicio técnico.

Para más inri, las vacaciones han pasado muy rápido y mañana volvemos a Bissau.  
¡ Porca miseria !
Dada la dramática situación, seré breve. Resumo en cuatro líneas los últimos días de vacaciones.
No se puede estar sin conocer Italia. El que no la conozca, que se vaya montando un viajecito sin más dilación.
Italia es arte, pasta y vino. Aunque no la única, una de mis principales motivaciones a la hora de viajar es la gastronomía y en Italia se han cumplido todas mis expectativas. He probado la pasta de todas las formas posibles. Aunque la elección es difícil, me quedo con los penne arrabiata. ¡ Como me gusta la pasta picante con un buen tinto !
Venecia es única, Florencia es encantadora, pero yo, me quedo con Roma.
Tras un par de días en Sevilla a régimen estricto de jamón y manzanilla, hemos llegado esta tarde a Madrid para recoger a mi madre que se viene con nosotros a Bissau.

Me encanta Madrid. Se podría decir que soy madrileña ya que he vivido en Madrid 20 años, más que en ningún otro sitio. Me gusta entrar a Madrid por el Paseo de la Castellana. Me gustar pasear por sus calles y volver a pasar frío. Me gusta comprar libros en Madrid y como tiran la cerveza. Me gusta hacer cola para entrar al cine y que se me empañen las gafas al entrar en un bar lleno hasta los topes. Me gusta volver a ver a mis amigos de Madrid. Me gusta que Madrid no tenga playa. Me gusta hasta la presidenta de la Comunidad de Madrid. 

Dentro de algunos años, no sé cuantos, volveremos a Madrid. Menos mal que mientras tanto Madrid seguirá aquí, esperándome.


BMB

martes, 2 de noviembre de 2010

Paseo por Italia IV: Venezia


Venecia es una ciudad única en el mundo. Está situada sobre una laguna pantanosa en el Mar Adriático. El Gran Canal divide la ciudad en dos partes y cientos de canales más pequeños desembocan en el Gran Canal formando una intrincada red con más de 400 puentes peatonales.


Góndolas en el Gran Canal.
De día es viva y alegre. El corazón de la ciudad es la Piazza de San Marco, llena de turistas que van a tomar un café en el popular Florian, a visitar la catedral o a hacerse fotos con las palomas.

Turistas en la Piazza de San Marco
Es una delicia pasear por sus callejuelas empedradas y descubrir en cada rincón una librería de viejo, un anticuario, una bonita iglesia o una tranquila placita.

Paseo en góndola

Las góndolas eran la forma de desplazarse de los nobles y la gente pudiente por los canales. Hoy en día sólo las utilizan los románticos turistas como nosotros. No hay que perderse el paseo en góndola para poder admirar los suntuosos palacios llenos de historia.

Chinos en góndola
Casi todas las góndolas que hemos encontrado en nuestro paseo iban llenas de chinos. Recuerdo que hace años cuando viajabas por Europa veías sobre todo americanos. Ahora la clase medio alta china gasta sus yuanes en Gucci, Versace o Armani.

Góndola por los pequeños canales.

Palazzo Ducale

De noche, ya sin turistas, Venecia es tranquila y misteriosa. Ayer, cenamos en una pequeña osteria junto al Teatro de la Fenice y desde allí dimos un paseo hasta San Marco donde tomamos un macchiato escuchando el sonido de un clarinete al fondo.

Teatro de La Fenice


BMB















domingo, 31 de octubre de 2010

Paseo por Italia III: De Roma a Florencia

Con algunos post de retraso en la serie de mi Paseo por Italia voy a resumir en un solo post las tres últimas jornadas. Me había propuesto escribir todos los días pero me ha sido imposible. Pereza aparte, la culpa la tiene el problema de la conexión a Internet en los hoteles. Aunque parezca increíble, conectarse a internet en la habitación en un buen hotel en Europa aun se considera un lujo y hay que contratarlo y pagarlo aparte y no siempre es fácil. Es la única pega que le pongo al hotel Savoy. Moderno, céntrico, estupendamente ubicado en la Piazza de la República. Ideal para sumergirse dos o tres días en los encantos de Florencia. Habitaciones muy cómodas, un muy buen restaurante con terraza, L´Incontro, por si da pereza salir, y un trato cálido y exquisito.

El último día en Roma lo dedicamos a visitar el Vaticano. La plaza de San Pedro es grandiosa y solemne y la basílica bellísima. Aunque harían falta varios días para ver todo el conjunto ya que las colas para los museos del vaticano son interminables.

Piazza de San Pietro.Vaticano

Por la tarde fuimos de compras por Vía del Corso, la calle más comercial de Roma, y compramos, como no, corbatas de seda y algún que otro capricho.
Y así acaba mi fugaz visita a Roma. Ahora tengo la sensación de que la conozco aun menos y de que debo volver con más tiempo cuanto antes.

El viernes al mediodía llegamos a Florencia en tren. En el breve recorrido en taxi de la estación al hotel me hice ya una idea del tipo de ciudad que es Florencia: preciosa, llena de obras de arte, manejable, de un tamaño justo para recorrerla a pie, con miles de tiendecitas, trattorias y rincones con encanto. En cierto modo me recuerda a Sevilla. Es ese tipo de ciudad que no decepciona a nadie. Hacía un día estupendo y dimos un primer paseo de reconocimiento. No recuerdo que nada me haya impresionado tanto como la cúpula de Brunelleschi del Duomo. 

Cúpula de Brunelleschi. Duomo. Firenze.

Luego pudimos ver el atardecer desde el Ponte Vecchio, el puente más antiguo de Florencia. Varias veces reconstruido  sobre el río Arno en su parte más estrecha. Su curiosa silueta se debe a las tiendas que lo bordean de orfebres de origen judío  que exponen desde hace siglos sus piezas preciosas.

Ponte Vecchio. Firenze
Por la noche nos preparamos para disfrutar de la gastronomía florentina. A base de ingredientes sencillos, la cocina toscana se compone de platos poco elaborados presentados espléndidamente, siendo ingredientes fundamentales las hortalizas y las hierbas aromáticas. Los florentinos aman la carne, en particular la de buey, y la pasta no es un plato esencial en su cocina.

Hablando de la cocina florentina no podemos olvidar a Caterina de los Medici, casada con el Duque de Orleáns, segundo hijo del rey de Francia. Gran embajadora de la cocina toscana en Francia. La buena mesa ayudo a Caterina a soportar las infidelidades de su marido. En una ocasión,  en su treinta cumpleaños casi se muere por una indigestión de cibrèo. El cibrèo es un guiso florentino de menudillos de pollo y da nombre al restaurante del famoso chef Fabio Picchi. El restaurante se abrió hace 26 años y es conocido por revigorizar la cocina toscana. Picchi además es un gran entusiasta del teatro y ha cumplido su sueño de unir el teatro a la cocina con la creación del Teatro del Sale dalla Cibrèo Citta.


El restaurante tiene mucho encanto. El protagonista es el vino. No hay carta y el camarero viene silla en mano, se sienta a tu lado y te explica los platos que ese día ha preparado el chef. Me gustó mucho el toque picante que tenían casi todos los platos. Aunque todo estaba delicioso lo mejor fue sin duda el vino. Aconsejados por el sumiller, pedimos un Chianti,  Bruno di Rocca 2000, que apuramos hasta el final casi sin darnos cuenta.

Restaurante Cibrèo. Firenze


En la Toscana se producen algunos de los mejores tintos del mundo. La joya de la corona es el Chianti clásico aunque no es el único. El Brunillo di Montalcino, Nobile di Montepulciano y Morellino di Scansaro son algunos de los más apreciados.

Hoy hemos visitado la Galería de los Uffici, uno de los museos más antiguos de Europa. Artistas como Leonardo da Vinci o Miguel Ángel se reunían allí “por belleza, por estudio y por placer” según cuenta Giorgio Vasari, arquitecto de los Uffici.
En el museo hay obras tan importantes como El nacimiento de Venus o la Primavera de Botticelli, La Anunciación o La Adoración de los Magos de Leonardo Da Vinci  aunque yo me quedo con la Venus de Urbino de Tiziano.

A la salida, como era tarde, hemos decidido comer al lado del museo en una ostería junto a la Plaza de la Signiora. Es uno de esos locales que tienen expuestos en el escaparate algunos productos como salami, prosciutto o queso. Estaba muy animado, lleno de jóvenes italianos sentados en pequeñas mesas muy juntas, como pasa en casi todos los restaurantes aquí . De antipasti hemos tomado unos crostini extraordinarios. Luego, spaghetti al aroma de trufa negra deliciosos y de postre pastel de manzana. Un establecimiento sencillo con una comida estupenda y a un precio asequible. Muy recomendable.

Osteria Buongustai. Firenze.

Por la noche salimos a cenar un poco a la aventura. Caminando, entramos en un local que desde fuera parecía una más de las miles de trattorias-pizzerías que hay por toda Florencia. Una vez dentro, pudimos ver que era un tanto peculiar. Uno de esos sitios donde lo mismo te sirven un café para desayunar, el almuerzo, un guisqui a media tarde o la cena. La decoración era indefinida, ni típica italiana, ni moderna, ni clásica. Había un horno de leña y de fondo sonaba Frank Sinatra. Estaba lleno de parejas de italianos emperifollados, que viven en el extraradio de Florencia y vienen al centro los sábados. Como era tarde y teníamos hambre decidimos quedarnos . Al final, la cena fue extraordinaria. El steak fiorentina de Pablo en su punto y delicioso y mi calzone de ricota y salami riquísimo. 

Luego, decidimos ir a un club de jazz que habíamos leído en una de esas revistas del tipo "lo que no te puedes perder en Florencia". El Jazz Club. Por fuera, uno de esos garitos con puerta cerrada con timbre y mirilla que no invitaba mucho a pasar. Aprovechando que entraba una chica nos metimos detrás de ella. Había un concierto de un grupito de jazz-funky muy animado. The Italian Funky Sound. Nos pedimos unas copas y disfrutamos del concierto como dos florentinos más.


BMB